Siguiendo con lo que ya hizo los años anteriores, Samsung ha presentado este año en el Mobile World Congress sus nuevos buques insignia, dos, y este año nos han presentado el Samsung Galaxy S7 y el S7 Edge, un teléfono que tiene como característica principal los bordes de cristal curvados y funcionales. Esta vez ha introducido ciertos cambios respecto a su antecesor que lo diferencian un poco más de su hermano, el S7 a parte de la obviedad del diseño exterior.

Apostando por procesadores propios pero no al 100%

Este dispositivo viene en tres configuraciones diferentes según el país donde se distribuya. La G935 a la venta en Estados Unidos, la G935F disponible en el resto de países y la G935FD que únicamente se diferencia de la anterior por tener la opción Dual-SIM y que estará únicamente disponible en el sureste asiático.

Fijándonos inicialmente en el modelo global (G935F), vemos que como ya pasaba en el S6 Edge, Samsung apuesta por sus propios procesadores dotando este dispositivo del Exynos 8890, un Octa-core compuesto por dos Quad-cores, uno a 2.3 GHz y otro a 1.3 GHz complementados por una GPU de ARM, la Mali-T880 MP12. El S7 Edge viene equipado con una memoria RAM de 4 GB y tiene un almacenamiento interno de 32 GB que se pueden ampliar mediante una tarjeta microSD hasta los 200 GB. Aun así en algunos países, entre los que no está España, se venderá la opción de 64 GB también ampliables.

En el modelo estadounidense la compañía abandona el procesador propio y vuelve a confiar en Qualcomm como hacía anteriormente. En este caso equipa al S7 Edge de un Snapdragon 820 Kryo con dos Dual-core a 2.15 GHz y 1.6 GHz respectivamente, complementados con un Adreno 530 de GPU. La memoria RAM de esta configuración varia en función de la compañía telefónica desde la que se adquiera el dispositivo siendo de 4 GB en todas excepto U.S. Cellular que venderá el dispositivo con 3 GB de RAM. El almacenamiento interno es únicamente de 32 GB ampliables igualmente a 200 GB mediante una tarjeta microSD.

Más pantalla para el Edge

La pantalla es uno de los principales cambios entre la versión “Flat” (S7 -no edge- llamado popularmente) y la versión Edge de este año. Éste tiene una pantalla QHD de 5.5 pulgadas con una resolución 2560 x 1440 píxeles. Gracias al diseño de la pantalla, que ocupa parte de los bordes del dispositivo, conseguimos una relación del 76.1% entre la pantalla y el cuerpo de éste. El nuevo Edge nos introduce también la tecnología Always-on que mantiene la pantalla siempre activa mostrando de forma sencilla, pero efectiva, la fecha y hora y las notificaciones del momento, de forma que el consumo de batería sea el mínimo y evitar tener que encender y apagar la pantalla constantemente únicamente para realizar este tipo de comprobaciones.

Más luminosidad

La cámara del Samsung Galaxy S7 Edge es exactamente la misma que la de su hermano pequeño el llamado S7 “Flat”. En la parte trasera dispone de un sensor de 12 MP con una apertura f/1.7, la misma que encontramos en el sensor de la cámara frontal de 5 MP y que nos aportará grandes beneficios cuando tomemos fotografías con poca luz gracias a esta gran apertura que las dota de mayor luminosidad. Refiriéndonos al vídeo, el S7 Edge puede grabar en 4K a 30 fps, en Full HD a 60 fps y Slow-motion en HD a 240 fps. Este smartphone también permite tomar fotos mientras se graba en 4K, siendo éstas de 9 MP así como la posibilidad de grabar y tomar fotos con las dos cámaras simultáneamente, tecnología llamada Dual-vídeo.

Mayor batería y de carga más rápida

El Galaxy S7 Edge tiene una batería más grande que la de su antecesor. Esta vez dispone de 1000 mAh más que el S6 Edge llegando así a los 3600 mAh que permiten alimentar la mayor pantalla que se ha introducido este año. Por segundo año consecutivo nos encontramos con una batería no extraíble por dos causas principalmente, la primera para evitar la entrada de agua en el dispositivo ya que tiene certificación IP68, significando que se puede sumergir hasta 1.5 metros durante 30 minutos y la segunda por razones de la propia compañía de controlar las baterías que se usan en sus dispositivos, teniendo mayor certeza de que son las oficiales e indicadas para estos. Además podemos cargar el dispositivo de forma inalámbrica y éste dispone de carga rápida, lo que nos permitirá, en tan sólo 100 minutos, cargar completamente este S7 Edge.

Más ventajas para Gamers

Como se podía esperar de Samsung, han vuelto a confiar en Android para el sistema operativo de este Galaxy S7 Edge, concretamente han usado la versión Marshmallow (6.0.1) con la capa de personalización típica de la empresa con sede en Seúl, TouchWiz, que no nos ha aportado demasiadas diferencias en diseño con respecto a la versión del año pasado pero que ha introducido novedades en el apartado de juegos móviles tanto para desarrolladores, con una API específica para este tipo de aplicaciones, como para los usuarios, mejorando la experiencia del juego con un centro de juegos, el “Game launcher”, y las nombradas “Game tools” que permiten incrementar la conexión entre el juego y el jugador posibilitando, entre otras, la opción de eliminar las notificaciones durante las partidas.

Curvas elegantes

En cuanto a su aspecto exterior lo que más resalta del S7 Edge son sus bordes ocupados por la pantalla curvada que le dan ese toque diferente y de exclusividad muy necesario actualmente en el mercado. Sus dimensiones son de 150.9 x 72.6 x 7.7 mm con un peso de 157 gramos y una muy buena relación cuerpo pantalla del 76.1%, principalmente gracias a lo mencionado anteriormente sobre los bordes del dispositivo. Tenemos un diseño muy parecido al S6 Edge y el S6 Edge Plus, seguimos teniendo cristal en los dos lados del dispositivo, en este caso un Corning Gorilla Glass 4 que le da gran resistencia. En este modelo se ha eliminado el biselado de los bordes permitiendo una mejor continuidad entre el cristal y los reducidos bordes metálicos, y una mejor adaptabilidad al sujetarlo. Está disponible en cuatro colores, plateado, dorado, blanco y negro.

El toque necesario para Samsung

Este año Samsung ha conseguido algo que se echó de menos el año pasado, diferenciar un poco más los dos modelos introducidos, lo que con el S6 se convirtió en una curiosidad, una extravagancia y una novedad, este año sigue siendo una realidad. Un dispositivo llamado Edge que ya no solo tiene la pantalla curvada por los bordes sino que también tiene la pantalla más grande. El usuario puede disfrutar de una mejor experiencia de pantalla que es lo que realmente busca este smartphone sin perder las grandes comodidades que se reclaman actualmente como el lector de huellas dactilares en el botón “home” o las grandes tecnologías que diferencian a Samsung de sus competidores como el sensor de frecuencia cardíaca o Samsung Pay a la vez que la certificación IP68 que permite sumergir el Edge a 1.5 metros durante 30 minutos o el slot para tarjetas microSD para ampliar la memoria interna del dispositivo.

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